“Solamente la espiritualización puede eliminar los males de la Sociedad
En las sociedades contemporáneas, se fomenta constantemente la competitividad a los seres humanos. En la infancia y en la juventud, los hijos son evaluados por los padres respecto al comportamiento en el ambiente familiar, sometidos a test y exámenes en las escuelas de enseñanza primaria y secundaria, a procesos selectivos para la admisión en instituciones de enseñanza superior, y, posteriormente, ya en la fase adulta, elegidos, por medio de concursos, para el ingreso en el servicio público o sometidos a criterios de evaluación de desempeño frecuentemente bastante rigurosos, en el sector privado.
Ese ambiente altamente competitivo, que exige elevados niveles de productividad y desempeño, puede provocar serios cambios de comportamiento en las relaciones interpersonales, incentivando el egoísmo de aquellos que buscan, a cualquier precio, alcanzar posiciones de destaque.
A menudo, muchas personas recurren a prácticas desleales o poco éticas para superar a sus pares, considerados como competidores. A su vez, quienes no alcanzan los estándares de alta competitividad que se exigen hoy en día terminan marginados, considerados ineficaces o improductivos, lo que les causan diversos problemas materiales y psíquicos.
Además, la rigidez y la inflexibilidad de esos métodos de evaluación dificultan el reconocimiento y la aceptación de las diferencias individuales, sean ellas referentes al nivel intelectual, al ritmo de trabajo, a la capacidad de procesar informaciones – competencias cada vez más exigidas- o, sobre todo, al grado específico de evolución espiritual de los evaluados.
Esa forma de pensar y accionar alimenta preconceptos, discriminaciones, y, consecuentemente, perpetúa una estructura social que,desde los primeros años de vida transmite a los niños, adolescentes y jóvenes valores que frecuentemente resultan en el desarrollos de la egolatría, de la intolerancia y de la ambición desmedida al alcanzar la edad adulta – verdaderas llagas morales actualmente observadas en las sociedades.
Ese escenario también se refleja en el ámbito mundial, manifestándose en las relaciones entre las naciones. Tal contexto ayuda a explicar el origen de innumerables conflictos de opinión, desacuerdos, guerras y demás problemas sociales que devastan el mundo, impulsados por la incesante búsqueda por conquistas, sean materiales o territoriales. Se suma a eso la constante tentativa de algunos imponer a los otros las propias convicciones, sean de orden ideológica, política, religiosa o de cualquier otra naturaleza.
Ante eso, solamente la espiritualización de la humanidad será capaz de transformar positivamente esa realidad. Sin embargo, se trata de un trabajo que debe tener inicio en el ambiente familiar, a partir de los primeros años de vida de los seres humanos. Cuando educados desde la infancia a la luz de los principios racionalistas cristianos, estarán, seguramente, más preparados para evitar tales distorsiones en las relaciones humanas.
Por lo tanto, las casas racionalistas cristianas en el ámbito mundial se dedican continuamente a la divulgación y práctica del Racionalismo Cristiano, porque comprendemos que esa es una necesidad urgente y esencial para la humanidad. Cada racionalista cristiano tiene un papel relevante en ese proceso al divulgar la espiritualidad contenida en sus conceptos y principios junto con quienes lo rodean, especialmente con sus descendientes.
Por lo tanto, los racionalistas cristianos deben tener el propósito de contribuir para la espiritualización de los familiares, insistimos, pautando sus acciones y relaciones personales por ejemplos de conducta ética y convivencia armoniosa. No permitan que la codicia, el egoísmo o la intolerancia se sobrepongan a los valores morales que deben nortear las actitudes humanas, independientemente del contexto social en que se insertan.
Todos son iguales en esencia, todos son espíritus en continua evolución en posesión de un cuerpo humano en cada existencia, con mucho para enseñar y aprender, con el fin de colaborar efectivamente para la construcción de un mundo mejor.
Traducción al español por Adelina González Bermúdez

