Lectura del mes – Junio 2019

Malos pensamientos generan angustias.

Las personas que tienen ideas fijas, cuyos pensamientos están siempre descentralizados de la realidad de la vida, solo generan problemas e insatisfacciones para ellas mismas. No entienden el por qué de tantos sufrimientos ni saben como superar sus dificultades, para  encontrar la paz de espíritu.

Las angustias no existirían si las personas supiesen pensar. Como partículas del Principio Inteligente, recorrerían con mayor seguridad el camino evolutivo, pues el pensamiento es una vibración del espíritu, y el espíritu es inteligencia, es poder creador y realizador. El espíritu imprime al pensamiento la propia fuerza de que es dotado, es el responsable por los seres humanos disfrutar buenos o malos momentos en sus vidas.

Es necesario tener en mente que el dominio de los pensamientos es de fundamental importancia para que el individuo pueda subir los escalones evolutivos y llegar a planos más elevados de espiritualidad. Luego, los buenos pensamientos son puertas abiertas para clases más elevadas de los mundos de estadio espiritual.

Los pensamientos recorren la atmósfera fluídica de la Tierra en todas direcciones, afirma el Racionalismo Cristiano. Los pensamientos tienen, por tanto, el poder de influenciar a las personas, bastando que tengan las mismas afinidades de ideas. De igual forma actúan en el astral inferior los espíritus obsesores que vagan por ese campo vibracional, llenos de imperfecciones y vicios adquiridos en vida física, desviando de una existencia plena de paz, seguridad y discernimiento los individuos incautos que los atraen.

Desde 1910 nos empeñamos para que las personas que comparecen a las reuniones públicas realizadas en las casas racionalistas cristianas entiendan lo que son como Principio Inteligente y Materia, para que lleven sus vidas en este mundo de escolaridad con determinación y   seguridad por el camino de la prosperidad material, evaluando las oportunidades que traen simultáneo crecimiento   espiritual.

La felicidad presupone salud, paz y prosperidad y está latente dentro de las personas. Entonces, cada una puede conquistar la propia felicidad al colocarse por encima de los problemas de la vida, no envolviéndose con los informativos negativos, alejándose de los individuos   maldicientes, no dejándose impresionar con las cosas diarias al cumplir bien sus deberes en ambiente por donde gravitan los pensamientos elevados.

Es hora de tener un entendimiento más profundo sobre la vida, y esa comprensión pasa por pensamientos bien vibrados, como son los ligados al raciocinio, a la lógica y a la razón, para que las personas conscientes del buen uso de esos atributos espirituales tengan equilibrio psíquico perfecto, en que el fiel de la balanza de la espiritualidad sea correcto: de un lado el fortalecimiento proporcionado por las fuerzas superiores y, del otro, el esclarecimiento espiritual prestado por el Racionalismo Cristiano.

Antonio Cottas

 

La práctica de la espiritualidad muestra el valor de cada uno.

Todas las personas son capaces de tener buen éxito en sus emprendimientos. Al usar con firmeza la fuerza de voluntad innata, llegan donde quieren llegar. Aunque, desconociendo  el poder de la voluntad dirigido para la práctica del bien, muchas de ellas fracasan. Por falta de confianza en sí mismas, la autoestima queda debilitada al no creer en la fuerza espiritual que traen en su íntimo, y que les daría gran satisfacción personal si fuese puesta en acción. Por juzgarse incapaces, no cumplen lo que prometieran a sí mismos en sus mundos de estadio, pues son almas debilitadas.

El uso de la fuerza de voluntad contribuye para que las personas lleguen a sus objetivos con mayor facilidad. Si desconocen  su composición astral y física, si ignoran el poder del pensamiento bien irradiado y la capacidad de concepción dirigida para las buenas realizaciones, ellas se pierden por el camino del progreso material, sin crecimiento espiritual.

Al estudiar la espiritualidad y colocarla en práctica, la persona muestra realmente su valor, impulsando no sólo la inteligencia como atributo maestro del espíritu, sino las demás cualidades, entre ellas la fuerza de voluntad asociada al pensamiento lúcido, insistimos. Deja de lado el ímpetu materializado cuando usa la materia apenas como recurso empleado para alcanzar mayor progreso espiritual, evitando inquietudes, angustias y depresiones, circunstancias reveladoras de desequilibrio psíquico.

Preguntamos: ¿ a quién le gusta vivir triste, disgustado, lejos de las personas que ama o de lo que gusta de hacer? La respuesta es muy simple: nadie. Las personas que no saben colocar en acción su fuerza de voluntad necesitan cambiar de comportamiento, reconociendo que dificultan no apenas su progreso material, sino, sobretodo, que perjudican su crecimiento espiritual. Lo importante en la vida no es sólo convivir bien con los familiares y los amigos, sino, principalmente, sentirse muy bien con la propia consciencia.

Estudien a fondo la filosofía racionalista cristiana, pues ella muestra la pura realidad de la vida, enseña a las personas que no saben que hacer durante la existencia a tomar el rumbo de la espiritualidad, colocando en práctica sus enseñanzas.

Queremos verlos felices, alegres, poniendo en acción sus atributos y sus facultades espirituales, como la fuerza de voluntad y el libre albedrío, siempre dirigidos con sinceridad, honestidad, dignidad y valor para la práctica del bien.

Humberto Rodrigues

Traducido al español por Adelina González Bermúdez